Reflexiones sobre una muerte no inminente

Morir siendo viejos será una cosa de ricos o de mantenidos. ¿O acaso crees que podrás mantener tus gastos hasta los 100 años? Si piensas que el Estado se hará cargo o que habrá pensiones para entonces, bien vives en un mundo paralelo, bien vives en el mundo de las ilusiones.

Me da igual que tengas 20, que 30, que 50 años. La hucha de las pensiones se acabará en menos de una década y después, que cada cual haga sus cuentas para pagar residencias, personas que nos atiendan o sanidad privada, ya que para cuando nos llegue el turno de ser atendidos por la vía pública posiblemente estemos criando malvas.

Y mucho cuidado aquí que no estoy diciendo que nuestra sanidad pública sea mala, que no lo es, sino que el negocio y la privatización de la misma y la falta de blindaje por parte de políticas públicas habrán echado a perder algo por lo que España, a día de hoy, puede sacar pecho y sentirse orgullosa.

Por otro lado, las vidas de las personas cada día son más largas. Llámalo avances médicos, tecnológicos o disminución de la dureza en lo que a trabajos se refiere. La gente ya no quiere trabajar en el campo y los que lo hacen están totalmente mecanizados.

La Revolución Industrial supuso un período histórico de profundas transformaciones económicas, sociales, culturales y tecnológicas, de cambios sin precedentes para las sociedades de todo el mundo. Lo que casi nadie podía imaginarse es que ésta también significó el inicio hacia una espiral consumismo, producción y debacle exacerbada.

Preguntar hasta cuándo sería sostenible una sociedad donde tienen cabida las macrogranjas, las sobreexplotaciones y otras aberraciones contra natura sería caer en un error, ya que, en ningún momento, dichas prácticas son, han sido o serán algo sostenible.

Ahora en serio. ¿En qué mundo vivimos?